jueves, 8 de agosto de 2013

Eurotrip 2013: Paris


Llegamos bien temprano el viernes 28/6 al aeropuerto de Beauvais, dónde a quién le interese le comento que el pasaje solo de ida al centro (unos 60 kms y hora y media de viaje) cuesta 16 euros (no conseguí esta información en internet previo viaje), frío y bondi mediante, agarramos los asientos de adelante para que la criminal de las fotos (mi madre) se entretuviera mientras yo dormitaba lo que podía, de esta manera llegamos a la inmensa París.

Primero y fundamental al bajar a eso de las 10 de la mañana, era desayunar algo, así que sin importar cuanto nos doliera el primer robo a mano armada en París, teníamos que mandar pa troden unos sólidos ¡¡¡yaaaa!!!, y así fue cómo nos entramos a cagar de risa, entre curiosidad y disfrute, de cómo están colocadas las sillas y mesas en los restaurantes y cafés parisinos, todos mirando hacia la calle como quién estuviese en un teatro o algún tipo de espectáculo barrial.

Luego de ese buen desayuno, charlas mediantes en español e inglés con el dueño del local y algún que otro parisino, que le interesó no ser tan sorete como tenía yo impresión que eran "todos", arrancamos a tomarnos el subte con la gran advertencia sobre los gitanos que supuestamente eran muy complicados cercanos a los subtes.
Estas dos impresiones en el transcurso de los días las cambiaría 100%, la de los gitanos si viéndolos pero no como tipos difíciles, sino simplemente oportunistas que si uno no está atento puede marchar pero nada peligroso y en cuanto a los parisinos mi gran e inesperado cambio de opinión, hoy en día puedo decir que todas mis previas experiencias tan malas con franceses se dilucidaron bastante al estar en París estos días, muy amables y simpáticos los noté.

La cosa que fuimos al subte, bastante viejo el mismo, nos llevó 30 minutos llegar a Place d'Italie por donde estaba nuestro hotel, pero lo mejor fue que en una parte del trayecto del subte donde sale por unos minutos al exterior, ya de una nos dimos con una panorámica tremenda de la Torre Eiffel, mi madre ya de pique no aguantó las lagrimas y para mi fue extrañísimo, raro y a la vez increíble esta reacción de ella, extrañísimo que por ver la torre ella haya piantado el lagrimón, raro por las costumbres que vengo teniendo acá que nadie vibra por un carajo e increíble, porque ya haber podido contribuir a ese sentimiento fue parte de la satisfacción de mi deber cumplido, ya me empezaba a sentir satisfecho con respecto a mi madre.

Llegamos al hotel y nos recibió Albert, todo bien por suerte, tiramos las cacharpas, armamos el mate y salimos a callejear. Decidimos no darle ni 20 minutos y nos fuimos de cabeza de nuevo a la Torre Eiffel a ver su majestuosidad de cerca.

Al llegar a la estación de metro, nos empezamos a topar con mucho paki, afrodescendiente y GITANO, invasivo 100%.
Entramos a perfilar hacia la torre, entre turistas y vendedores ambulantes que como en toda parte de Europa, le rajan a la policía en la primera de cambio pero mientras no aparecen los de la ley, te acalambran para que le compres cualquier cosa, calambre pero del bueno... ¡y europeo señores!.

Lo mejor (irónicamente), fue pasar a una cuadra de la torre y ver cómo la tranza de los gitanos se ponía mejor y mejor con la muy uruguaymente conocida, MOSQUETA.
Con mi vieja se nos cayó la cara, no podíamos creer que hasta en lo más ¿top? de la cremme europea existiera este tan Tristán Narvaja y/o Inju juego folklórico, para regalar y regalarse. Una total decepción.

La torre nos impresionó mal, yo no podía concentrarme al 100% porque estaba mirando todo ese cardumen de gitanos que no paraba de pegarselé a los turistas, tanto para pedir guita, para hacerte firmar una planilla (la vi por todo Europa durante el viaje esta movida que ni idea que es) o pedirte el buche final de la fanta, los rastrillos del primer mundo damas y caballeros.

Mientras que mi vieja fascinada por la inmensidad, yo calculaba botijitas muertos para hacer esa torre, miraba para arriba, me tocaba los bolsillos, miraba los andamios, miraba los gitanos, calculaba la altura, manoteaba la mochila... entretenimiento del sano, no como la televisión basura que llega al Uruguay.

Nos arrimamos al centro de la torre, era inmensa realmente, mi madre seguía emocionada lo que luego entendería, era además de su hipersensibilidad a todo, a que lógicamente, venía de Uruguay dónde lo más alto que tenemos es la Fortaleza del Cerro de Montevideo porque creo que ni la torre en chanfle de ANTEL se come esos no más de 80 metros de altura del Cerro.
Ahí entendí y volví a sentirme un poquito cómo cuando llegué hace año y medio a Irlanda, dónde todo me sorprendía muchísimo. Más alegría que guardaba en mi bolsillo personal.

Luego de decidir que subir sería al pedo, que ya el estar ahí había sido suficiente, consensuamos que ameritaba armar el mate y sentarnos a hacer jardín en los gigantescos jardines que rodean la torre. Muy curioso como habían policías de choque con metralletas y ni un policía liso y llano y muchísimo menos ¿y para qué?, policía turística y/o punto de información. Y estamos hablando de la Torre Eiffel... definitivamente no todo lo que brilla es oro.



Así, mientras nos tomábamos unos amargos tirados contra una cerca, charlábamos y contemplábamos un paisajecito un tanto llamativo como lo era la Torre Eiffel, se sientan adelante nuestro un grupo de gurisas y una señora, ahí se da esta hermosisima situación: La adolescente (con un aire muy despreocupado) "ay! mirá, otro argentino tomando mate, están en todos lados" , Yo (con cara de pocos amigos) "no soy argentino, soy uruguayo", todos ellos luego de ponerse un tanto colorados se giraron y siguieron mirando la torre en una no muy cómoda situación.

Al rato, seguimos rumbo hacia el Trocadero, lo más destacable y llamativo de la ciudad, es la limpieza y la espectacular cultura de la jardinería, nada se deja librado al azar (naturaleza), todo está cortadito, arregladito, tenído en cuenta, desde unas pocas flores en un rincón hasta calles y calles con corredores de cientos de metros con columnas de árboles cuadrados, no el tronco sinó la copa de estos están podados de forma cubica, impresionante.

Llegando al Arco del Triunfo el mate se guardó y nos dedicamos simplemente a disfrutar de la ciudad a través de los ojos, el arco es suntuoso y en la ubicación central y tan abierta en la que se encuentra lo es aún más.
Mientras lo rodeábamos para tomar la calle de Champs Elysees (Campos Eliseos), se me cruza un pinta, se agacha y en inglés me dice "is it yours?", "no" y seguí caminando, al rato me entré a calentar sólo de cómo los hijos de puta estos de los gitanos le hacen caída a la gente, le digo a mi vieja, "estamos en Francia y me habla en inglés, si hubiese realmente querido ayudarme porque piensa que es mío ¿porque me habla en inglés?, me vio la cara y me hizo toda la caída".
Así que si alguien cómo yo no conocía la bobadita esta del anillo de oro, bueno, no coman y si lo hacen, una familia gitana se los agradecerá.

La avenida de los Campos Eliseos es la más top de las que vi, llena de transeúntes y costosas tiendas de cuanto bien lujoso uno procure, desde populares casas deportivas, pasando por excéntricas perfumerías con fragancias traídas del oriente llenas de misticismo y por ende, cómo se ve que las trae Aladín en la alfombra y le encajaron un cacho de arena del desierto te cobran por un frasquito de 15 ml unos 120 euros una cosa así, ¡ahhhh, pero estos eau de toilet no se compran en el free shop ojo al piojo!. Y de las cosas más curiosas al menos para mi, fue pasar por las tiendas oficiales de varias marcas de automóviles incluidas, escuderías de Fórmula 1 dónde tuve el agrado de ver por primera vez en mi vida uno de estos bichitos de Dios, el Renault de Red Bull.


Seguimos ruta, caminando bastantes cansados, a la Marian se le empezaron a aflojar las patas y yo no puedo mentir, también estaba un poquito cansado así que ¿decidimos? por sugerencia personal seguir derechito que, tipo esas mentiras cómo a los niños chicos cuando preguntan cuanto falta, nos quedaba poco para llegar.
Así fue como atravesamos el Jardín des Tuileries, dónde todo el mundo en sillas publicas (y sigo fascinado que nadie roba nada de lo que el gobierno da para el uso público) rodeaba el lago artificial mientras miraban cómo unos enfermitos gritaban desde lo más alto de la grúa giratoria del parque de diversiones que se encontraba a unos pocos cientos de metros de allí. Lindo pa dejar el desayuno por los aires.

"Un poco más ma que ya llegamos", mentí jajaja pero seguíamos mirando cosas, disfrutando ese enorme jardín como todos los que veríamos en Francia, nada chiquito, todo gigante y finamente cuidado.

Pasamos a pocos metros del Museo de Louvre lo cuál ameritó de nuestra parte un "fa! ahí está la Mona Lisa, que viaje" y mientras esquivábamos afrodesendientes que nos querían meter souvenirs por dónde fuese, seguimos de largo arrimándonos al metro para llegar de vuelta a Plaza Italia, comprar menesteres en el super y pegarnos tremenda paliza de bocatas y porqué no, también alguna escobita del 15 que otra para procesar el día tan intenso y principalmente el hecho de que, "mamá, estamos juntos en Europa, en la otra punta del mundo ¿te das cuenta?".

FIN DEL DÍA 1 EN PARÍS.-



Arriba 9.30 con desayuno improvisado de requeches de la cena del viernes, fruta y un jugo de naranja calentito ¡mmmm, caldo de orange!.
Teníamos que llegar al tour de las 11 en la Catedral de Notredame pero como fuimos a pata, llegamos muy en la hora y se ve que el guía se había comido un reloj suizo para el desayuno y a las 11.05 cuando llegamos, ya no estaba. Ajo y agua, a joderse y aguantarse, así que mientras me ponía la t-shirt de guía improvisado, armé el mate a la par que mi vieja volvía a emocionarse, lagrimón piantado mediante, al ver la Catedral gótica de Notredame.
Para complemento, estaban en uno de los tantos festejos por el 850 aniversario de la construcción de la misma, por lo que había una música muy "ameno, domine, ameno doooo" algo así si no era esa misma, y un sin fin de feligreses y pequeños monaguillos para todos los gustos, flacos; gordos; negros; blancos; tranquilos; hincha huevos y hasta un monaguillo siglo XXI, un mostro el pendejo, cayó con las manitos en posición de rezar y unas gafas de sol oscuras a lo Men in Black, un grande el borrego ese. ¡Viva la religión, carajo!

Rodeamos la catedral, la cuál realmente es preciosa, las gárgolas parecen posta, yo juro que mi mayor preocupación después de ver si algún monaguillo alfa le encajaba un saque, en nombre de Dios, al monaguillo de lentes de sol fue encontrar al jorobado en la torre con las campanas, pero me parece que me vendieron un cuento estos de Disney.





Bueno, bajamos las escaleras para caminar por el lateral del río Sena y me encantó esa parte, pensar que ahí se manejaban todas las tranzas de la época medieval, candelabros, niebla, todo eso tenebroso y tan poco turístico en aquel entonces me lo proyecté por 50 metros en esa corta caminata sobre los adoquines que sustentan esos pasajes largos del rio.

Pasamos por el frente de la catedral, fuimos al centro de información a conseguir algo que mi madre no sabía, pero fue importante para el siguiente día a la hora de ahorrarnos algún que otro mango y cuidar la economía del turista de mochila.
Souvenirs, y tratar de sacarle a mi vieja de arriba el tema "regalos para todos" que luego martilla la cabeza y no deja disfrutar al 100%, así que adquirimos algunas cositas generales y dejábamos los buenos regalos para mi hermano, mi madre y la novia de mi hermano principalmente para cuando estuviésemos en Dublín.

Seguimos caminando, cruzamos el río y llegamos a un hotel (el cual no recuerdo ahora el nombre), el cual tiene una muy buena presentación de jardinería exterior y en el cuál había una exhibición de algo, lo importante no es eso claramente, lo importante es que mientras que estábamos ahí mirando las flores y todo eso que mi madre quedó como loca, yo me tomaba unos matecitos y se me arrima un veterano, le dice a su señora "sacáme una foto acá con la celeste", no pude evitar pensar "pa loco, otro porteño más no aguanto" aunque me llamó la atención que dijera la celeste, no me preocupé mucho, sonreí al cruzarme con gente con buena onda y le pregunté al señor "¿de dónde son?" "de Montevideo" me dice, "uh! que bueno", ahí si me saqué la foto con la mayor alegría posible.
Nos quedamos charlando y lógicamente, como el reclame de Nix, "acá nos conocemos todos", tal cual, casi vecinos de la zona del Prado, y nosé que tanta cosa más, yo me puse a hablar con el veterano de fútbol y viajes, mientras ampliaba la ronda de 2 a 5 personas ahora, mi vieja mientras tanto hacía charla de damas con la señora y su hija. Enormemente feliz de cruzarme con uruguayos por el mundo y eternamente agradecido, de tener el mate conmigo. ¡Uruguay nomá!

Nos despedimos deseándonos buen viaje ambos y ta, miramos ahí un cacho del hotel ese que estaba bueno pero uno más y nos dirigimos al puente de los candados ¿otro más?.
El mate se guardó y nos perfilamos a buscar algún lugar para comer algo, que el turismo y sociabilizar abre el apetito, lo sabe todo el mundo ¿no?.

Con las pasas de uvas, fieles y compañeras que nunca nos dejan caer en el vacío estomacal, pasamos por un mercado de frutas, verduras, pescados y otros bienes de consumo de primera necesidad, cómo pastelerías y todo tipo de postres que ¡ahhhh! baba, ta si tenía hambre mal.

Mientras íbamos de camino al Panteón, pasamos por un local de plantas y flores que a mi madre la dejó loca, luego mientras mirábamos los autos eléctricos cargándose tipo un Iphone 5 gigante dándole carga en la calle nos sorprendió un colegio, el College Sainte Barbe que se fundó en el 1460... ¡que viejas que deben ser las profesoras!. Chiste de salón rendidor, y autobombo del bueno, bien yo.

Mi vieja seguía sacándole fotos a los caños de las casas (ella es Tec. Ins. Sanitaria) y la gente buscaba desesperada que foto se perdía, porque eso le pasa a los turistas, el turista saca fotos de cosas que ve y de cosas que ve que otro turista ve, pero con mi madre comieron de la mano todos, ella le sacaba fotos a caños de desagüe y yo mientras tanto disfrutaba con la cara de la gente. Gracias ma por no darte cuenta como sentaste en la vara a cientos de turistas durante estas 3 semanas.

Llegamos al Panteón, nos quedamos ahí en la plaza mirando gente un cacho, viendo las señoras vestidas para fiestas formales tan temprano con sombreros de gala y todo eso que en Uruguay no existe, mi madre boquiabierta y yo disfrutando de verla sorprendida por todo y simplemente escuchando de ella en todo momento un "pa!" reiterado.

Pasamos por los Jardines de Luxemburgo pero antes que Luxemburgo y cualquier otro país con jardín propio, nostros pedíamos sólidos a llanto partido y un toillet, porque la clase no hay que perderla claro está.
Así fue como llegamos a un local de comidas al paso, bastante bien presentado y con mi jóven madre, mientras yo me hacía el galán con la vendedora que me miraba libidinosamente le sampé un clarísimo "combo estudiantil... por 2, sivuple", mi francés es académico.

Luego de adivinar dónde estaba el baño (era una pared de espejos y no veía la ranura para entrarle), despedirme visualmente de la francesa y dejar que mi madre le sacara un par de fotos, que ya a esta altura estaba peor que los chinos, a las miles y miles de chimeneas que hay en los edificios, nos fuimos al Jardín du Luxembourg.












Hermoso lugar, cuidado en todo su detalle, lo más llamativo, original, retro y lindo fueron los barquitos de alquiler, con banderas de distintos países (la única sudamericana era la brasilera y el barco pirata era el más requerido), que se pueden utilizar en el lago que hay en el medio del jardín, cómo todo la actividad para los más chicos es fundamental para que no hinchen las bolas pero a la vez, no hay como los niños que le den vida al lugar y no caiga en un jardín de adultos "civilizados" y por ende aburrido, excelente lugar para invertir tiempo de esparcimiento.

De ahí pensábamos ir caminando hasta la Torre Montparnasse así que arrancamos por ahí para ir arrimándonos y mientras disfrutando de lo que apareciera en camino, así fue como nos dimos con el Parade de París.

Un sin fin de carros alegóricos, y por sobre todo, de hombres y mujeres que deseaban manifestarse a favor de los derechos de los gays, lesbianas, trasvestis, transexuales y bisexuales, inundaron las calles de alegría con el simple hecho de salir a expresarse. Lo positivo en mi mente uruguaya, nadie discriminandolos en las calles, más allá que se veían drogas y alcohol en cantidad, no fue una excusa para que el descontrol ganara y se opacara la fiesta de ellos, todo muy organizado y en una buena todos disfrutaron, la policía escoltó desde los más atrás que podían estar, osea que mientras ellos pasaron en su corso (estuvimos 40 minutos, pero creemos que fue un desfile de más de 2 horas ininterrumpido) ni un policía se hizo presente, y no fue necesario. Excelente.

A contramano del corso seguimos destino, sorprendidos por la marea de gente que seguía pasando y luego, por el despliegue policial que mantenía una distancia de 100 metros con los últimos del desfile. Más atrás, a unos 300 metros de la policía un despliegue nunca antes visto, de limpieza de las calles, hombres, camiones chicos, camiones grandes, lanza chorros, barrenderos, contenedores, arrasaron con la mugre cómo un buen comando profesional. Esto es otra muestra de lo que es cultura primer mundista.

Llegamos a la torre, enorme y carísima para subir también, así que ¿para que subir cuando te podés sacar una foto que te de la idea de lo alta que es?.



Atravesamos la plaza que se encuentra detrás de Galeries Lafayette (entramos solo para ir al baño), pasamos por un mercadito medio improvisado por allí, lleno de turrones, chorizos y más, aunque lo que nos llamó la atención fue una campaña de consumo de agua del grifo, nos sorprendió salado, dicen que el 92% de los parisinos confían en el agua del grifo, increíblemente a pesar de esto hacen una campaña para que siga siendo esto una constante.

La preocupación ambiental nos dio hambre así que nos fuimos a comer un crepe relleno de chocolate. Ahí cómo quién deja el fusquita en la esquina, tenía frente a mi un Abarth tributo Ferrari 695 en mi cara, lindo autito.

Aunque lo mejor fue este auto expatriado que me encontré a mitad de camino entre la Torre Montparnasse y Les Invalides.



Me saqué las ganas de tomar el agua mística Perrier, que no tiene nada de mágico cómo pensaba ¡me lleva el chanfle! (tengo que integrar a los lectores mexicanos sepan entender), pero bueno, más se perdió en la guerra.

Yendo al hecho de las guerras nos fuimos Los Inválidos, en su origen residencia de militares ancianos y/o lisiados, entre tantas cosas, hoy en día en su interior alberga la cripta de Napoleón I. Estaba cerrado el ingreso ya, estábamos cansados de cualquier manera y era más divertido ver como una muchacha, representando a todo un grupo regalaba abrazos vestida de pirata, cada loco con su tema aunque bien comida la oreja de la guardia, que le hizo abrir el portón principal para darle dos besos, todo quedó registrado en la cámara del grupo.

Caminamos un poco más hasta el río, pasando por las oficinas gigantes de Air France que vendrían a ser cómo ¿Pluna de Uruguay?, difícil de poder comparar pero bueno, ahí estaban las oficinas y nuestro cansancio en compañía, así que nos tomamos el metro y no precisamente uno de esos de 2 pisos que nunca había visto. Llegamos al hotel para luego de años, entre mates y bocatas, perder mi invicto en la escoba del quince. Me agarraste cansado Marian.



FIN DEL DÍA 2 EN PARÍS.-


Haciendo de las 9:30 nuestra hora oficial para despertarnos amanecimos, mi madre con la incertidumbre de cuál sería la sorpresa que tenía preparada para ella y en mi caso, con toda la ilusión contenida por no querer adelantar la sorpresa.

Para ir teníamos que sacar tickets de metro de € 7.30 pero nos enteramos al llegar, nosotros habíamos sacado los de € 1.70 en esta oportunidad, fue desconocimiento simplemente. Al llegar se nos hizo un tanto difícil ingresar a la estación pero pasamos sin ningún inconveniente.

Mi madre entró a mirar y no entendía nada hasta que "¿y esto?" "tu sorpresa ma, estamos en Disney", que alegría contagiosa que le vino.
Luego de los controles de seguridad muy parecidos a los del Vaticano, fuimos a la boletería dónde le quisimos meter descuento de lo que viniera, nada funcionó hasta que saqué el mapa de la ciudad, lo giré y le dije a la muchacha de la boletería "¿este voucher sirve?" "si, sirve" y nos vino bárbaro, un descuento de 10 euros a cada uno, por lo que sacamos el ticket de dos parques en un día que sale unos € 80 euros, al precio del de un parque en un día por € 70. Un abultado monto, pero luego de este día lleno de alegrías supimos que es el precio correcto, imposible decir barato pero tampoco amerita decir caro, es el precio justo para un despliegue de organización, tecnología, escenografías, magia, alegría e ilusión. Muy bueno Disneyland Paris.

 
La cosa es que entramos y era inmenso, para orientarnos un poco decidimos caminarlo nomás para ver cómo era y dejar que los gurises jugaran, no íbamos a ponernos a hacer colas interminables para juegos de gurises ¿no?.
Así que con esa mentalidad caminamos la calle principal, disfrutando de la extraordinaria escenografía tamaño real de todo.

Armamos el mate y entramos a trillar. Atravesamos el castillo de Disney, pasamos por el carrusel, la casa de Pinocchio, niñas disfrazadas de princesas a doquier, me reencontré con el gorro de Goofy, después de años, que me dio nostalgia y me saqué una foto tremenda, y ahí seguimos caminando hasta que el laberinto de Alicia en el País de las Maravillas nos atrajo.

Con unas fuentes que largaban unos chorros que caían de una a la otra y realizaban una secuencia, nos quedamos como niños chicos mirando, ahí nos olvidamos de todo y nos pusimos a disfrutar, eramos niños jugando con el agua, caminando entre los laberintos, grandes y chicos, asiáticos, europeos y sudamericanos, todos mezclados y a su manera, disfrutando a más no poder.

No pensábamos hacer nada pero vimos la entrada a Piratas del Caribe y ya cuando vimos que había una cola de 45 minutos, era muy tarde para volver.
La cola era dinámica, no se trancaba mucho y había flujo continuo, parece una boludez pero te regalo 45 minutos estático.
El juego, una maravilla, te suben a un bote (ligamos asiento de adelante), que te lleva por un río, donde tenés caídas, increíblemente no te mojás nada, pasas por entre medio de fiestas de piratas borrachos, asaltos, cárceles, entierros de tesoros, etc, los 10 minutos del juego pagaron sin lugar a dudas la larga fila.

Entre cientos de souvenirs pudimos encontrar la salida, seguimos al barco pirata que era solo para verlo, subimos a la casa en el árbol, pasamos por los souvenirs del Rey León, donde Pumba me tiró una guiñada y nos sacamos una foto, es un amigo el pumbi y luego de esto, ya sobre las 14 hs, hicimos la parada en la única sombrita que encontramos, ya que el sol nos estaba calcinando, y salió almuerzo bajo el espectáculo de un niño bastante robusto de no más de 8 años que corría a otro niño con la espada de Piratas del Caribe, fue lindo recordar cómo uno jugaba de niño.

Comimos, descansamos cómo 10 minutos las piernas y manos a la obra, a seguir que tenemos más de medio parque y uno entero más por visitar en 6 horas.
Pasamos por un juego de tiro al blanco con láser, me envicié mal, al que me conoce sabe que me tiemblan las manos así que le tiraba a la lata y le pegaba a la tuna, o le tiraba a la casita de madera y le pegaba al barril, la cosa que le hice un game over de la muerte al juego. Esencia de francotirador con Parkinson pero si me afino ¡guarda!.

Dejé mi momento de francotirador y nos dirigimos a la zona india, ahí estaba la barricada de los cowboys que dejaban del otro lado a la mini aldea de indios con sus tiendas cónicas típicas.
No pasamos 10 metros de los indios que estaban Chip & Dale sacándose fotos con los niños ¡quién me manda a crecer tan rápido loco!, cruzando la calle Donald & Daisy, seguimos un poco más y entramos al Nautilus.

Después de esto, nos animamos a un juego más a ver que pasaba, así que probamos suerte en el Simulador Espacial.
Larga espera, menos fluida que la de Piratas del Caribe pero también valió la pena, impresionante juego.

Cambio de parque, destino Walt Disney Studios.

Entramos en mi caso con mi ticket de Pluto y mi madre de Daisy si no me equivoco, atravesamos el galpón principal, lleno de restaurantes ambientados en temáticas de todo tipo, pasamos el local de Herbie 53 y nos dimos de frente, primero con la escultura de Walt Disney con Mickey Mouse y luego con un desfile con muchos de los personajes Disney, ahí andaba Cruela Devil con su limusina y pelo miti-miti.

La representación de los estudios Disney estaba muy buena, al terminar el desfile a los 10 minutos nos fuimos a The Hollywood Tower Hotel, lo mejor de todo.
Otra fila de una hora, ya ahora si estábamos cansados pero nos jugamos por el último juego, yo no le dije nada sobre lo que era a mi madre por las dudas.
Nos subieron a un ascensor, 12 pisos, subimos, subimos y de una, para abajo sin piedad, abrí los brazos de reacción natural para cuidar al de al lado, a mi madre y una señora que estaba sentada al lado mío, pobre mujer, le partí el pecho.
Subimos, bajamos, ya me reía de los nervios y en una, ¡pum! se abre una ventana que nos dejaba a todos de frente, sentaditos con la vista panorámica desde el piso 12 hacia el parque y ¡fum! de vuelta caída libre con la ventada de los pisos 12, 11 y 10 abiertas, me quería matar.
Salimos con un estado de nervios, alegría, adrenalina y sedados a la misma vez que no entendíamos nada con mi vieja.

Salimos y ni 5 minutos pasaron que nos metimos al juego de Armageddon, viniendo del otro no era lo mismo pero que te tiren fuego en la cara, llueva y se rompa un transbordador contigo adentro la verdad que está bueno también.

Liquidados del todo, nos fuimos a una punta a ver cómo la gente se subía a un carro que hacia un trayecto de 180º de 0 a 20 metros fácil, bastante rápido. Por nuestra parte, ensillamos el mate y liquidamos lo poco de agua que nos quedaba pero siempre hay un restito más, y a la media hora nos propusimos despedir Disney París en los paracaídas de Buzzy, el astronauta de Toy Story. Después del ascensor aquel de 12 pisos esto era una papa, pero igual nos supimos divertir.

Yendo hacia la estación del metro, preferimos abrirnos un cachito a ver los restaurantes, locales de ropa y en realidad, seguir hacia la ubicación de dónde desde que llegamos habíamos visto un globo aerostático.

Pasamos primero por la pared donde están las huellas de personajes cómo Whoopi Goldberg, Lassie, Sylvester Stallone y Bruce Willis, entre otros y siguiendo la calle de los locales fue cómo me di de lleno con un restaurante que pasaban el partido de Uruguay - Italia, a la mierda todo, me saqué la campera de la celeste, la puse arriba de la mesa, me pedí una chela y empecé a putear solo mirando la tele con 10 italianos en la espalda.

Caliente a más no poder por los penales que erramos salimos con mi vieja hacia el lago del globo que ya poco me importaba, deambulamos por ahí un poco más y nos fuimos a tomar el tren, esta vez si abonando los correspondientes € 7.30.

Nos fuimos en el metro de doble piso y luego enganchamos con otro para llegar a Plaza Italia sobre las 22:30, comimos alguna chatarra que es lo único accesible a esa hora, armamos las valijas y nos llamó el sobre, así que tuvimos que atender.





FIN DEL DÍA 3 EN PARÍS.-

Tempranito cómo cuando canta el gallo en el periódico de cabecera de mi país, arrancamos el día.
Eran las 8:30 y nos despedimos de Albert, muy agradecidos de la amabilidad y el tiempo pasado en el hotel.
Teníamos tiempo así que fuimos al local de al lado del hotel a desayunar, lo rescatable de esto fue cuando mi madre quiere saber que era el desayuno y le dice algo así al barista con su francés de 5º humanístico o lo que haya hecho (imaginen que es con acento francés y boca apretada) "¿quesquesé?" y no me aguanté, le digo a mi vieja "¿que le encajás el peso al pobre hombre? ¿que queré le encajaste?" "noooo, quesquesé dije" a todo esto el hombre nos miraba, ahí le pregunto que era, y el tipo me dije "brioche", mi madre "¿que dijo?" "brioche mamá" "ah si, yo quiero", el tipo se fue y no me contuve "¿le encajás "que queré" a lo plancha haciéndote la que hablás francés y cuando te dicen brioche no entendés?". Una mostra mi vieja, de los mejores momentos del viaje.

Terminado el petit desayuné arrancamos a tomar el bondi para llegar al aeropuerto, una tranza esto del aeropuerto a 60 km del centro.
Le pifié a la parada del metro, nos bajamos una antes, nos tomamos otro metro y llegamos en la hora a tomar el bondi para llegar justos al aeropuerto.
Estábamos subiendo y el conductor tuvo lío con un grupo de veteranos italianos bastante ordinarios, el tipo bien, les encajó el peso y les dijo que con el no viajaban, que se tranquilizaran y bueno, costó, subían, los echaba, gritaban, pedían disculpas, unos elementos bárbaros. Al final salimos y llegamos al aeropuerto 2 horas antes de la partida.

Al ir a hacer el check-in los de Ryanair nos piden controlar las valijas, 11 kilos este humano y mi vieja 12, a mi me dejan sin drama y a mi vieja no, se alborotó ella, pero ta, arreglamos.
Pasando al control de seguridad, control de tamaño de bolso, yo pasé como un rey y a mi vieja otra vez, justini pero entro, al sacar la valija casi se lleva 2 metros cuadrados de piso del aeropuerto, rústico pero así es cómo funciona esta "glamorosa" aerolínea.

Cuando pensamos que lo peor había pasado, en el control de seguridad la paran a mi vieja, la tuvieron 15 minutos revisandole la valija, volaban regalos, ropa, chabombas, papeles, todo y el tipo decía que tenía un sacacorchos, yo le peleé a morir que no, "está acá, por esta zona. Lo veo en la pantalla", bueno mi madre y yo, que no que no, hasta que, para morirse. Ahí estaba, el souvenir que la madrina de mi hermano le dio a mi madre para mi hermano, navaja, sacacorcho y cuanto elemento mcgyveresco se pueda imaginar uno tratando de pasarlo por el avión, un regalo nosotros también. Lo extraño es que nadie nos dijo nada en el aeropuerto de Barcelona.

Luego de esto, a las corridas embarcamos con destino a Budapest.

Sobre París nos quedamos con algunos puntos destacables: la cultura de la jardinería es extraordinaria (principalmente y lo más llamativo, los árboles cuadrados), la estética femenina sumamente delicada y sin abuso de maquillaje, las mujeres suelen ser en su mayoría esbeltas, se come mucho pan, nos dio la impresión de ser una ciudad un tanto vieja pero muy ordenada y cuidada, en tamaño nos pareció similar a Bs. As., los asientos en los restaurantes mirando hacia adelante son muy curiosos, rescatamos la amabilidad de la gente y notamos muchos autos raros y cosas diferentes del uso cotidiano en general.
 
Budapest será una nueva historia, lugar que sería el break emocional para ambos por implicarse de la ciudad que vio nacer a parte de nuestros antepasados, y estuvimos ahí, pero a centímetros nomás de dónde nació una de nuestras abuelas.



Juan Patrick
"El deporte es el esperanto de las razas."
Jean Giraudoux (1882 -1944). Dramaturgo francés