sábado, 28 de septiembre de 2013

Short stories: Odisea en la frontera de Perú/Bolivia





Cuando llegamos a la frontera nos despertaron para hacer los tramites de
migración, ¡Dios mio, que quilombo!

Pasamos a pata de Perú a Bolivia. En Bolivia, hicimos los tramites de migración
bajo chequeos un tanto invasivos y los minutos empezaron a pasar.
Al cabo de una hora nuestro bondi no aparecía, en eso viene un flaco y comenta que no
lo dejaban pasar porque había habido un accidente y nosotros no entendíamos nada.

Cuando volvimos al lado de la frontera peruana, estaban los dos choferes con 
3 policías, estos no les permitían cruzar porque tenían que llevárselos detenidos
debido a que en la noche, mientras viajábamos, había habido un accidente en la ruta
donde aparentemente el bus en el cual nos transladabamos estaba implicado y
podría haber algún muerto. Posiblemente los conductores no se habrían detenido y 
como no estaba claro si tenían responsabilidad en el hecho o no, nos aclaraban que no les
podían permir el paso a Bolivia y por ende, nosotros nos quedábamos sin choferes y 
bus.

Para sazonar mejor el mal ánimo colectivo, muchos se enteraron que todos
habíamos pagado diferentes precios en la terminal (por eso hay que pelear los
precios con decisión) y pasó por ejemplo que unos porteños pagaron USD 100
lo que nosotros pagamos USD 18, pero a todo esto... ¿Que pasaba con nosotros?

Los choferes nos dijeron que nos conseguían una camioneta, volvimos al lado
boliviano a esperar, a los 15 minutos eramos más de 40 pasajeros
desahuciados con nuestros bolsos a cuestas en la frontera.
Ahí si, me calenté, mi madre me dijo que les hablara bien pero ¡que se vayan a cagar!,
pasé con toda mi pinta de "uruguayo seudo peruano turista" y cuando
llego al bondi, nuevamente del lado peruano, este justo se estaba yendo, le
golpeo la ventana porque estaban los 3 milicos arriba con los dos choferes
y no me veían, entonces les digo:

- ¿a donde van?
Los oficiales me contestan - al juzgado 
- ¿y nosotros?
- ahora viene una camioneta. Me dice uno de los choferes a la vez que trata de
maniobrar con una cara de susto barbara.
- no hermano, ¡que me vas a dejar tirado acá!, en otro país mientras que a vos
te llevan anda a saber por cuanto.
Con una risa muy nerviosa me dice - tranquilo ya venimos

A todo esto los locales (peruanos y bolivianos) que estaban en la vuelta veían a
un tipo de casi 2 lucas, multicolor, a los gritos con un bondi en movimiento,
cuando me di cuenta del circo que se había armado me gustó más y arranqué:
- mirá que yo soy el que te paga el sueldo, y te lo pago para que me lleves a
destino, no para que me dejes tirado por una cagada que te mandaste o no. Lo
que hiciste la verdad me chupa un huevo y para eso está la justicia que te va a
decir si la cagaste o no, pero a mi me arreglás esto hermano, no me vas a dejar
tirado en Bolivia.
Tartamudeando, bajo la mirada de los 3 policías y su otro compañero no menos
asustado, me contesta - ya va, ya va la camioneta.
En ese momento me calenté del todo y le grité - decime tu nombre....
¡que me digas tu nombre!

Y que mierda iba a hacer yo con el nombre del pobre tipo, pero me salió la que
me hacían cuando laburaba en un ente público, me tenía que desquitar y era el
momento justo. El chofer me dice su nombre y le vuelvo a gritar desde la calle,
en la frontera entre Perú y Bolivia, bajo la atenta mirada de un sin fin de
bolivianos y peruanos que aprovechaban toda esta distracción para pasar
mercancías de contrabando en carros, - ¡y tu apellido decime!
Estaba pálido el tipo, me lo dice y - más vale que arregles esto. Le digo para
terminar la conversación.

Volví re quemado para Bolivia, luego de discutir largo y tendido en definitiva
no había arreglado nada.

A los 10 minutos llega una camioneta, se suben 25 y.... ¿y los demás?, eso fue
lo que nos preguntamos todos los que quedamos abajo, los locales que fueron
los primeros querían que nos apretáramos, - ni en pedo viajo 3 horas a lo
bondi ganado. Le digo a mi vieja y todos los presentes. 
Aportando cultura a la conversación nuevamente comento - ¡la puta que los parió!.
Ya volaba de la calentura. 
Ahí lo agarro al conductor de la camioneta alquilada,

-¿cuantas te pidieron?
- una sola
- trae otra
Me mira serio y sorprendido...
- si, trae otra... no te vas a ir y dejarnos a todos acá.
- Pero solo me dijeron que traiga una. Me contesta totalmente desorientado.
- Mirá nosé que te dijeron ,pero no te vas hasta que traigas otra, porque yo acá
tirado no me voy a quedar y ahí no entramos 40 tipos con bolsos y cosas...
andá y trae otra que de alguna manera te lo paga la empresa, te damos los
pasajes nosé, pero trae otra.

Y así fue, trajo otra camioneta. Realmente no sé si se la pagaron pero por fin pudimos
llegar a La Paz, Bolivia.



En Facebook - Juan Patrick

Juan Patrick

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Short stories: Prague





Later on we were looking around for some souvenirs and we found a place to drink the long awaited Illy coffee.
The day was going perfectly; we were able to take a break before the beginning of the beer tour where we would delight of great czech beers.
The trip was fabulous; the weather was ideal and that coffee, ¡wow! it was a black elixir.


When I reached the little coffee shop window; a pretty little place with only 2 tables outside for customers; this situation was born:

- Hiya, 2 big coffees please (radiant joy)
- Here or take away? (barking and with a face like a smacked arse)

I didn't really mind so I answered her - Here, thanks.

So the girl cleaned the filter there and then; she just forgot to spit on it to make it into a TV prank show. Next she put in a new coffee, ¡Illy of course! and when she switched on the machine, which had more buttons than Robocop, an innocent Uruguayan guy with a silly face started taking photos of the inside of the shop, where there were millions of Illy coffee jars in an endless number of sizes, from a tiny one like a glass to a massive one like a whiskey barrel.
At that moment, the lady who wasn’t able to get cheap smile deals on Amazon kept making the magic. When she saw me, she saw me and told me - Stop taking photos.
I was in shock, I'd never expected that definite "Stop taking photos"; she turned her eyes back to the machine, and being absorbed with her lack of manners, transformed abruptly and said:

- Wha'?
- No photos
- Why can't I take photos?
- ¡Because no!

It took me a second; I put my camera away, looked at her and while shooting her a haughty wink, finished it with a - You know what,  now I don't want any coffee!"; the girl fell in shock, reddened and all the while I was coming back to my mum and saying to her – Let’s go.... now, let’s go; she was screaming:


- And the coffee?

- I don't know, it's not my problem; now I don't want it


There she was, the girl in her dark coffee shop, alone like a soldier with only a fork, with a new, full filter in her hand and without a fucking customer.



I took the photo anyway... ;)


Follow me on Facebook - Juan Patrick

JuanPatrick
"English stories, new style, the same guy"


Edition by CLAIRE PATRICIA (thanks)

martes, 24 de septiembre de 2013

Eurotrip 2013: Praga









Tuvimos un buen viaje desde Budapest hacia Praga, fueron unas 8 horas de bus en el cuál la azafata, muy simpática esta, nos traía bebidas a rolete, teníamos pantalla personal con música, tele y juegos, por lo tanto el viaje más allá de ser largo se hizo llevadero...más allá de algunos por menores.

A mi vieja se le hincharon las patas a lo chancho, se subieron los de migraciones y con cara de pocos amigos pidieron pasaportes uno por uno en el medio de la ruta. Aunque algo positivo del viaje largo fue pasar, sin bajar lamentablemente, por Eslovaquia y la segunda ciudad más importante de República Checa, Brno.

La cosa fue que llegamos bien, pero lo mejor esta vez fue llegar y ver que el hostel estaba a una cuadra de la terminal, ¡un golazo de cancha a cancha!

El hostel se ve que era parte del mismo consorcio de la terminal o tenían algún convenio, algo de eso. Al llegar, nos piden como 3 veces disculpas por los ruidos, ocasionados por la obra de reforma, en la terminal y nos invitan con lo que quisiéramos de la heladera. Juguito y chela de una.

Al entrar al cuarto no lo podíamos creer, era como estar inaugurando la habitación, divino cuarto, a nuevo total y a un muy buen precio.



Pinchamos esa cerveza, esperamos que las patas de lechón de mi vieja se aplacaran un cacho, armamos el mate y nos fuimos a callejear un poco.

Ya a primera vista la ciudad nos parecía muy pintoresca, la arquitectura en general es muy cálida y en general, de libro de cuentos.

De las cosas a tener en cuenta es la tremenda joda que hay con el cambio, hay dos tipos de cambio (indistintamente de la comisión que se cobra casi siempre), uno que es el que aparece bien grande y luce tentador, cuyo es para cambio de 1000 euros o más. Ya cuando vi muchos ceros me empecé a marear.
El otro cambio, es para la general pero cuando el normal cambio es 25 coronas por 1 euro, en el cambio general que se encuentra más que nada en el centro de Praga, puede llegar a ir hasta las 17 coronas por euro. Hay que estar muy atento y caminar un poco más, ya que en la terminal y al lado del shopping del centro cambian sin comisión y a 24 o 24.5 (datos al 4 de julio de 2013).

Fue así que mirando las pizarras, sin darme cuenta, se me pegó un "arbolito" a preguntarme si quería cambiar, cuanto, que me hacía buen precio y yo lo único que pensaba era si tenía todo en los bolsillos porque nunca lo vi venir más allá que estuviese de espaldas. Gracias a Dios me lo saqué de arriba y fue un buen puntapié para estar atentos de ahí en adelante aunque no evitaríamos volver a tener problemas, pero peores, a los pocos días.

Tratando de olvidarnos de este primer mal encuentro con la "tranza" checa, nos arrimamos al centro mismo de la ciudad. Mucha, muchísima gente caminaba por la gran avenida, puestos callejeros que se diversificaban desde artesanos en madera, herreros haciendo espadas en el momento y hasta flores de metal, parrillas con lechones (típico de Praga), vendedoras de garrapiñada de almendras, trabajos en cristal magníficos, títeres espectaculares, panaderas que realizaban unos anillos de almendra y otros productos que realmente, eran exquisitos y más.
La mejor gastronomía del viaje sería esta, a la vez que descubriríamos la mayor fascinación por las artesanías en general, algunas de estas llegando a precios por sobre los 1000 euros por unidad en trabajos ultra detallados, impresionante.

Se empezaba a hacer la noche, y por ser el primer día y luego de un extenuante viaje, decidimos solo sentarnos a comer en un tentador restaurante con un mozo vestido de caballero.
Lo más curioso era lo que decía en la carta (la cuál estaba en unos 8 idiomas)...




Lo que decía era que, te daban 1 kilo de carne hecha como quisieras, con las especias y el grado de cocción a gusto y la guarnición de preferencia también.
Desde el momento que te lo servían te daban media hora, si te lo comías todo no pagabas nada. Yo venía con un hambre titánica y conociéndome sabía que no me iba a complicar mucho, pero cuando vi las "cláusulas" la pensé dos veces y preferí no regalarme, o en criollo, ¡me garqué!.
La condición es que para acceder a esta competencia uno debe de dejar un depósito de 3000 coronas (100 euros/3000 pesos), si uno se come el bistec en ese tiempo el depósito se le reintegra al cliente y sino, marchaste.

Por las dudas, mientras mi vieja se pedía un ensalada Caesar con jugo, yo me pedí un kilo y 100 gramos de ternera con un litro de cerveza Plzen, pero libre de la presión del tiempo.

La ternera desapareció, al igual que la chela y la ensalada de mi madre, y mientras estábamos liquidando un hombre nos sacó charla y entre una cosa y la otra, nos invitó con la bebida típica de República Checa (luego de la cerveza), la absenta.

Mi madre la olió nomás, yo me tomé el mio y un poco del de ella. El kilo de carne, el litro de cerveza, el calor y esa absenta, me dejaron re loco así que no quedó otra chance más que ir al hostel que cómo mi vieja no se acordaba como volver, si yo me mamaba del todo no teníamos chance de llegar.

Más allá de mi estado de embriaguez llegué a sentir el olor de los árboles que abrazaban algunas calles de la ciudad, estaba demás.


Fin del día 1 en Praga.-


La mañana la arrancamos con energía y a las 9.45 ya estábamos en una plaza recibiendo el acoso de los guías turísticos, lo cual luego veríamos, no era nada en relación a la realidad que se vivía en la Plaza de la Ciudad Vieja, donde está el reloj astronómico.


 
Los muchachos de blanco nos convencieron de que su tour estaba muy completo y con algunas referencias nos dirigimos hacia la plaza, por calles que se perdían entre mares de gente. Todo esto le daba un tono muy pintoresco y vivo a la ciudad.


 



 
En el tour eramos arriba de 35 personas, el guía, Pablo, de los blancos (agencia de tours), un desastre, un acento español horrible más que estaba apurado por cubrir todos los lugares y llegar en hora para agarrar el tour del castillo de la tarde, hizo que nuestra experiencia fuera calamitosa.
Fue la segunda vez en mi vida que tengo un guía tan desastroso (la primera fue en Cuzco-Perú).

De lo curioso que hizo un poco que olvidáramos a este español atravesado, fue el toparnos con la sinagoga PINKÁSZ, lo interesante fue que veníamos de Budapest (nos había sacudido el tema emocional) y a mi tatara-abuelo le decían Pinkász, vaya uno a saber porque.

Cuando dimos la vuelta a la sinagoga, paré a unos judíos ortodoxos y les pregunté si tenían idea del porqué del nombre de la sinagoga... sigo esperando que se dejen de mirar entre ellos y al menos me digan, "no, ni idea".

Mientras veíamos cosas en la ciudad el guía cuenta una historia sobre algo que se había construido en nombre "del de arriba", para que, me quedé mirando a Pablo y a mi alrededor como si fueran suricatas todos los otros españoles del tour levantaron la cabeza en busca de alguien en alguna azotea. Mientras sacudía la cabeza en geste de "que palomas", Pablo les explicaba que se refería a Dios por "el de arriba".... no tengo dudas que hay algunos que se los ganan los chistes sin mucho esfuerzo.

El tour siguió, pasamos por la estatua de Kafka y luego nos partimos bien la boca en una taberna a un precio razonable de 120 coronas por el plato de comida, y la bebida a no más de 40 si no mal recuerdo.

Pasamos también por la puerta de un local donde ofrecen baños de cerveza, para el tratamiento de la piel y banana, manzana, sandía, kiwi....(venden fruta).




El tour terminó por suerte, no nos motivó mucho pagar por el tour del castillo a un tipo que no se le entendían ni la mitad de las cosas así que me hice guía y arrancamos con mi vieja para el lado del castillo por nuestra cuenta.

¡Ah!  importante, si uno va a los cambios de moneda, no se puede entrar con estas cosas...


(¿armas no? ¡uh!)

Nos arrimamos al puente de Carlos, impresionante puente, lleva unos cuantos minutos atravesarlo por su atractivo, desde las estatuas con increíble historia e historias representadas, a la vez que montones de puestos ambulantes de artesanos y músicos como a la vez, una maravillosa vista del río Moldava y a la lejanía, del Castillo de Praga.

La caminata en constante ascenso fue larga y cansadora luego de ya dos semanas de trajín por Europa sin parate. Fuimos subiendo y subiendo, y al llegar, una decepción, el castillo no era de esos castillos de película sino en su significado literal, un espacio resguardado por murallas (o paredes altas). Poquito, muy poquito.

En descenso ya, yo me quería tomar un café Illy y no encontraba dónde, mi experiencia en Italia me había dejado traumado con ese café exquisito, no vimos ningún lugar cerca así que salió un heladito de camino y a la vez, decidimos ir hasta la catedral que se encontraba no muy lejos de la cima, dónde estaba el castillo.

Para deleite nuestro, justo ligamos un nuevo cambio de guardia y nuevamente los macaquitos estos como los de la Reina, los del Vaticano (nota Italia) o Budapest, nos entretuvieron con sus magníficos pasos de grupo pop militarizado, mientras se sacaban los lentes de sol y trataban de contener las risas que le causaban los turistas con sus carcajadas desmedidas.

Nuevamente a nivel del mar fuimos hasta la plaza de la ciudad vieja, ahí nos pusimos a hablar con otra guía, la de los rojos, Diana, sobre el tour de la cerveza.
Cerramos trato con ella que nos pareció que hablaría más claro y teniendo una horita antes del comienzo le dije a mi vieja para ir por ese tan ansiado café Illy.

Luego de mirar algunos souvenires en la vuelta, encontramos un lugar para tomarnos el cafecito, el día estaba saliendo redondo por ahora así que nos podíamos dar una pausa antes de tomar unas buenas cervezas checas, el viaje estaba buenísimo, el clima ideal y ese café, ¡fa! ese café era un elixir vestido de negro.

Al arrimarme a la ventanilla de esa cafetería de 1 por 3 metros, con ventanilla única a la calle y 2 mesitas afuera nomás, se dio esta situación en inglés:

- "Hola, dos cafés grandes por favor" (alegría radiante)
- "¿Para acá o para llevar?" (ladrando y con cara de no haber cobrado el aguinaldo de los últimos 10 años)
No me preocupé mucho y le contesté - "para acá, gracias"

Ahí la mina limpió el filtro al cual le faltó escupirlo nomás para hacer televisivo el momento, puso café nuevo, Illy por supuesto de que estamos hablando sino, y cuando apretó la maquina esa que tiene más botones que Robocop, un inocente uruguayo con cara de paloma le sacaba fotos al interior de la tienda, la cual contaba con centenares de latas de café Illy, de todos los tamaños imaginables, desde una del tamaño de un vaso hasta una del tamaño de un barril de whiskey.
En ese momento, la señorita que no consiguió ofertas de sonrisas en amazon seguía haciendo la magia hasta que me vio, me vio y me dijo - "no saques fotos", yo me quedé sorprendido, no me hubiese esperado nunca ese rotundo "no saques fotos", ella volvió su mirada a la maquina y yo que no caía de la falta de modales de la vendedora me transformé de golpe y le digo:

- "¿como?"
- "no saques fotos"
- "¿porque no puedo sacar fotos?"
- "¡porque no!"

Ahí fue un segundo, guardé la cámara, la miré y mientras le tiraba una guiñada sobradora la rematé con un - "sabés que, ahora no quiero nada el café", la mina quedó en shock, se puso colorada y mientras yo me giraba y le decía a mi vieja - "vamonos...dale, vamonos" la mina me gritaba:

- "¿y el café?"
- "nosé, no es mi problema, ahora no lo quiero"

Ahí quedaba, la mina es su oscura tienda de cafés, más sola que el uno, con el filtro nuevo en la mano y sin un puto cliente.

(Le saqué la foto igual.... lleve)

Con las ganas del feca no nos íbamos a quedar así que nos fuimos a un barcito que es un viejo tren, sobre la otra plaza (Tram bar) a unos 100 metros, en donde también aprovechamos para comprarnos un arrollado de almendras y garrapiñada, también de almendras. Arrancamos de vuelta para la plaza del reloj astronómico, y al llegar vemos que somos los únicos dos para el tour, ¡vamo' arriba! tour privado al precio normal.

El tour estuvo buenísimo, Diana vino con su compañera nueva (era su primer día) y nos llevó por 3 cervecerías, en la primera nos acompañaron ambas y fue más bien la parte formal e informativa de la cerveza, al cabo de como una hora creo se dieron cuenta el poco interés que teníamos por las cosas químicas y ainda mais, pero sin perder el hilo conductor que era la historia de la cerveza, seguimos rumbo al segundo bar, ya ahora Diana, mi vieja y yo.

En el segundo bar, me volví a tomar mi cerveza más la  más de media restante de mi vieja, creo ya iba litro y medio o dos, prolijo pero con el calor y mi falta de costumbre alcohólica la venía sintiendo la cosa.

El tercer y último fue el mejor, terminé tocando las tumbadoras, Diana cayéndose de un banco del pedo que tenía y mi vieja cagada de la risa a morir con sus 3 buches de cerveza.

Así se vive un pub típico checo...




El tour empezó a las 20 hs, terminamos disfrutando realmente de la noche praguense con una fenómena de guía como Diana a la 1.15 de la mañana, con simplemente las 3 correspondientes cervezas del tour. Nos faltó entrar a otro bar a probar la cerveza más fuerte del mundo pero nada va borrar lo que esa noche fue, ¡una noche increíble!.




Fin del día 2 en Praga.-


No se como hice pero me levanté, entre jodas y jodas con mi vieja que se pasó perdiendo adentro del hostel hicimos lo posible para llegar a las 10:30 a la plaza, probando con algunos cortes de camino para llegar más rápido y evaluar mi capacidad de orientación.

Al llegar nos cruzamos con Diana que al igual que nosotros hubiese preferido quedarse en la cama un buen rato más pero no, hay que ganarse el pan y nosotros debemos de gastar ese pan con nuestros amigos guías que tanto esfuerzo hacen para ello.

Con los rojos originales, los amigos de Sandemans (sería nuestra tercera empresa de tours en Praga) conseguimos un tour a Kutna Hora. Eramos 9, y el guía un tipazo, re buena onda y dispuesto a tomarse un tiempo para preguntas y explicar un poco más de lo que simplemente el tour decía, un tipo que cómo lo vi en Diana, les gusta lo que hacen.

Llegamos a la estación del tren corriendo, hubo una pequeña confusión con la ubicación del mismo y el tema era que estaba por salir y nosotros eramos los últimos en subir. El verdadero problema se presentó cuando tuvimos que subir el guía (Tomás) y yo, a un hombre en silla de ruedas que estaba en nuestro tour al tren sin ayuda de nadie y nada, pasaba muy justo, estaba el hueco entre las vías y la base del tren y lo peor, fue que cuando Tomás lo trataba de subir desde arriba mientras yo lo impulsaba bajo la mirada de las otras 6 mujeres, ¡se cayó!. Tomás se cayó, el hombre estaba muy nervioso y a mi me ponía nervioso que el hombre se pusiera nervioso, una situación de mierda que por suerte la pudimos sortear gracias a la buena voluntad que siempre prima por sobre todas las cosas. Nadie se lastimó.

Tomás luego nos contaría que nadie quería llevarlo en su tour por lo difícil que es la movilización con una persona en silla de ruedas, que además de problemas como este del tren, personas en sillas de ruedas enlentecen los tours y para guías que andan con el minutero entre ceja y ceja por un turista no lo vale.
En lo personal, su padre es una persona minusválida y por un tema moral prefirió tomar el desafío de llevarlo como fuese y realizar, para mi, una acción integrativa y humanista. No todo en la vida es guita... bien ahí flaco.
Aclaro también que Tomás es un tipo treintañero de no más de 60 kilos y un gran corazón.

Llegamos a la hora, nos cambiamos de tren y arribamos al pueblo, ahí visitamos una iglesia que ahora es el frente de los campos de tabaco de una conocida empresa multinacional (con la cual el ex-Presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, estuvo en conflicto) y de allí, directamente a la iglesia de huesos. Impresionante.


 
Estuvimos un tiempo ahí dentro, fue una experiencia diferente, algo muy raro y curioso.

Al rato nos agrupamos nuevamente y en camioneta fuimos hasta la iglesia de Santa Barbara, que en competencia con la otra iglesia los mineros la erigieron para poder concurrir a la misma y evitar a los monjes que estaban en ella.
Fue muy sencillo hacerlo ya que Kutna Hora fue la mayor proveedora de plata del continente, lo cual puso al reino de Bohemia en la vanguardia europea cientos de años atrás.

La iglesia aún cuenta con frescos de la época, y a mi parecer, una representación de un minero que es bien llamativa.

Era tiempo de usar las mandíbulas para algo más que hablar, así que nos fuimos al aparente único restaurante de ese pequeño pueblo, el cual era muy visitado, al igual que la iglesia de huesos, por motociclistas en grandes motos, amantes de la ruta, el rock y las calaveras.

Salió queso frito con jugo de naranja y las mozas no paraban de mirarme y preguntarme si las cervezas que se iban pidiendo en la mesa eran para mi, yo no paraba de aclarar que no, que era el jugo pero cada vez con más timidez. Es que las 6 cervezas de la noche anterior me habían liquidado.

Sobre las 15:30 arrancamos hacia la corte de justicia, donde fue la última parada del tour antes de subirnos al tren de vuelta y nuevamente, batallar con nuestro compañero en silla de ruedas y vivir en carne propia la limitación que existe de accesibilidad para esta gente.

No hubo uno que no se durmiera en ese tren.

Al bajar del mismo fue impresionante ver al hombre de la silla de ruedas festejar, era alegría pura, con un poquito de esfuerzo y buena disposición que fácil es alegrarle la vida a alguien.
Me quedé contento de haber compartido ese tour con toda esa gente y principalmente haber contribuido con una gran alegría para este señor.

El día fue agotador así que fuimos al super por víveres, comimos temprano y nos fuimos al sobre.


Fin del día 3 en Praga.-



Nuestro último día completo en Praga tenía un destino muy especial, el campo de concentración de Terezín.

A las 10 de la mañana eramos 31 en el grupo que iría hacia allá. Nos fuimos en un tren un poco más pro al del día anterior y al arribar, el bondi que tenía que pasar para trasladarnos no pasó, la mayoría eran españoles y no muchos querían caminar, varios me preguntaban por mi "chiringuito" al cual les aclaraba era mate no "chiringuito".
Caminando mano a mano con Pablo (el de los blancos nuevamente), mientras le pedíamos encarecidamente que hablara más claro, nos contaba de los problemas de discriminación para los hispano-hablantes en República Checa y en Escocia, anécdotas de peleas y faltas de respeto alebozas en la calle y medios de transporte públicos. Ahí me entró a caer un poco la ficha de lo que me pasó en Liverpool.

Llegamos al cementerio, sacando contadas personas que solo quieren la foto personal en donde sea, el resto mantuvo un comportamiento muy respetuoso hacia el lugar como corresponde.

Pasamos por los hornos, la morgue, las primeras barracas, el museo con dibujos de los niños detenidos ahí y luego fuimos hasta la plaza, dónde nos explicaban el circo que se había montado por parte de estos genocidas de fines del 30 y principios del 40, para mostrarle a la Cruz Roja y a los ojos del mundo, que los judíos no estaban pasando mal.

Fuimos a una sinagoga que se había hecho en ese pueblo, que ahora es una mezcla de pueblo turístico con tierra de nadie, donde deja claro el caminar ahí que es un lugar para visitar de día y a la noche desaparecer lo antes posible para no correr riesgos. Es un pueblo fantasma con puntos turísticos.


Ya pasadas unas horas fuimos a comer, justamente nos tocó con las dos parejas de veteranos españoles que no hacían 2 dedos de frente entre los cuatro. Con mi vieja solo queríamos comer tranquilos y descansar un poco del calor, la veterana no paraba de hablar, ambas mujeres tenían una educación basada en la ignorancia y eran totalmente desatentas hacia las señoras que atendían el restaurante.

Al rato de escucharlos decir una sarta de estupideces, pasando de que Uruguay era lo mismo que Argentina, hasta una amplia gama de quejas sobre su crisis y lo mal que estaban por no poder viajar más, tocamos el tema... fútbol.
El esposo de la hiperactiva me empezó a hablar de España y su fútbol e intentó hablar algo del fútbol uruguayo, entre los tantos detalles que le di simplemente le conté, para rematar, las copas que nosotros tenemos y ahí se terminó la conversación.

No aguantábamos más la mesa y un poco de aire libre nos vendría bien, así que salimos, mientras todo el grupo comía, a buscar un heladito y un agua con filosofía (para mi tenía como gusto a uva, o flores o algo mítico, no era agua de agua estaba claro). Todo esto por la mera suma de 44 coronas.

El grupo se rearmó y para liquidar el tour, intenso y hasta algunas veces irreal, nos dirigimos hacia otro museo, donde habían fotos, pasaportes y vimos un video en español. Creo que la capacidad del ser humano no tiene limites para ver más documentales sobre la tragedia del genocidio judío en la segunda guerra mundial y seguir entristeciendose.

No puedo sacarme de la cabeza la información de que en el campo de concentración de Terezín la gente tenía derecho a 150 gramos de pan 2 veces a la semana y 100 gramos de azúcar, 1 café y casi nada de agua. Literalmente, los mataban de hambre, y ayudar a alguien que se estaba muriendo de hambre significaba destinarse a la muerte propia.

Llegaron a construir una cámara de gas, pero nunca a utilizarla.

El tour terminó, nos volvimos y teníamos en mente mucho para pensar y reflexionar.

Intentamos con mi madre cambiar esa angustia que nos había dejado la visita, tratando de comprarnos algo divertido de souvenir, aunque la cabeza, la cabeza seguía en Terezín.

Pudimos conseguir una bruja que se ríe cuando aplaudís para mi madre, unas bebidas con tremenda graduación alcohólica para mi viejo y la camiseta de Pavel Nedved para mi. Conseguimos unos buenos descuentos regateando y mientras andábamos en las últimas, tratando de ir a ver el tic-tac del reloj astronómico le intentan robar la cartera a mi vieja, fue rarísimo todo como se dio, la mina estaba al lado nuestro, había otro tipo que le dijo que le quisieron robar pero para mi el mismo tipo era el chorro que estaba con la gitana.
Por suerte no tenía nada en la cartera para variar y un poco shockeados por esto, nos despabilamos de Terezín y fuimos hasta el reloj astronómico para ir despidiéndonos de la hermosa Praga.

Para remate, al llegar al cuarto del hostel las camas estaban llenas de pulgas... ¡que divino!

De Praga destacamos la gran calidad y originalidad de las artesanías en general (madera, metal, cristales, etc), la comida gustosa, variada y suculenta a buen precio, que siendo el segundo país más ateo de Europa luego de Estonia tienen muchísimas iglesias y catedrales (un 60% es ateo confeso).
Hay muchísimos turistas cosa que no me imaginaba, los precios de las cervezas son de chiste (un euro 50 la pinta), hay un gran desarrollo del turismo, las veredas están muy bien diseñadas con adoquines al igual que las fachadas de muchos edificios.
Los checos dentro de su frialdad son más simpáticos y sociales que los húngaros, mucho más con algunas copas encima.
Sobre el alojamiento, sacando esas pulgas de la última noche que no cambian nuestra perspectiva, el hostel está impresionante y muy barato.
Y con respecto a las damiselas, son muy grandes, altas como las francesas pero del doble de tamaño.

(Un flaco con una gaita en la plaza de la ciudad vieja la última tarde,
 andaba bien el checo-escocés)


Nuestra aventura seguía con un nuevo destino, la super desarrollada Berlín, en la cual nos encontraríamos con un fiasco de ciudad.


Dame "me gusta" en Facebook - JUAN PATRICK

Juan Patrick
" La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos."
Karl Popper (1902-1994), filósofo austríaco